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PEF 2020 -Semana 4

Terminamos la semana del 3 al 7 de febrero de 2020. En ella vimos dos cursos: uno referente a los Fundamentos de la espiritualidad de Francisco y Clara de Asís, impartido por Niklaus Kuster, y el otro sobre los Escritos de San Francisco II. Oraciones, impartido por Jesús Torrecilla. Ambos cursos parecía que se complementaban uno al otro.

Con Kuster abordamos de manera muy puntual los rasgos de la espiritualidad de San Francisco, que va desde la pobreza, la fraternidad, la relación con Cristo con absoluta libertad y espontaneidad hasta la fraternidad universal. Un rasgo que llama la atención en la espiritualidad es el lado femenino que explota san Francisco en todas las relaciones que entabla: con Dios, con los frailes, con Clara, con las hermanas, con la gente, con la creación. Incluso llega a llamar muchas veces a Dios con rasgos femeninos y como si se dirigiera a una novia o a una relación de amor esponsal. A Clara la ama y procura con un amor de madre; cosa que se repite mucho en varios de sus escritos y biografías con respecto a los frailes, incluso les pide que sean ministros y servidores como lo hace una madre. También se ha planteado, a lo largo de las clases de la semana, esquemas bien definidos de algunos de los escritos de San Francisco que dibujan el mensaje y la espiritualidad que lo caracteriza. Y cómo no quería una espiritualidad desencarnada o aparte, entendida como “fuga mundi”, sino buscar la soledad en los eremitorios, pero siempre abiertos al mundo. Por eso estos lugares eran en lo alto de los montes, como ventanas al valle.

                     

En las Oraciones de San Francisco, con Torrecilla, se abordó la manera de dirigirse de Francisco a Dios, con una familiaridad y, a la vez, poniendo a Dios en el centro, como el más importante de la relación, en su trascendencia. En muchas, si no es que en todas, se nota la característica esencial de la oración de Francisco y, por lo tanto, de la oración franciscana: la alabanza. Francisco alaba e invita a alabar a Dios no solo en momentos de consolación, sino sobre todo en momentos difíciles de la vida. En este sentido, tenía una gran afectividad en la forma de orar, lo hacía con lágrimas, lo hacía desde el corazón, incluso desde las entrañas. Lo visto en este curso, sin lugar a dudas, es una invitación a reencontrar el camino de la oración franciscana en la propia espiritualidad de Francisco, valorar la riqueza que tenemos. Pareciera que en cada oración fuera un tema para retiros o ejercicios espirituales. 

 

Como decía, los dos cursos parece que se complementaban. Al final la gran conclusión ha sido: que se necesita ver desde un horizonte amplio los escritos, la persona y la espiritualidad de San Francisco, con un análisis crítico y renunciando a lo dulzón en que los podemos interpretar. Se necesita también conocer el contexto y la mirada profunda que tenía Francisco para entender a Dios en toda su historia personal y en la de su época. Y cómo lo hacía de manera original, como aprendiendo de las experiencias conocidas hasta entonces y darle su toque personal. Si vemos a Francisco de manera superficial pensaremos que fue un hombre amoldado a su tiempo. Pero si lo vemos con profundidad nos daremos cuenta que fue un revolucionario como todo profeta que ha existido en la historia de la humanidad. Hasta en esto, se puede decir, que siguió las huellas de Jesucristo.

Juan Gerardo Morga, OFMCap
Custodia de san Juan Diego, en el Norte de México 

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